Beijing ha establecido un laboratorio para determinar el sexo de los atletas en aquellos casos en los que se sospeche que las mujeres deportistas puedan ser en realidad hombres. Los atletas sospechosos de cometer este fraude serán sometidos a una evaluación de su aspecto físico por los expertos, y tendrán que hacerse pruebas de sangre para examinar sus hormonas sexuales, genes y cromosomas, con el objetivo de determinar su sexo.
Claro, porque si una deportista rompe muchos récords debe tener testículos en algún lado. El problema es que la definición sexual a través de los cromosomas no es muy exacta. Existen muchos casos de intersexualidad en los que una persona tiene una composición genética masculina, pero presenta características físicas femeninas.
En la Olimpíadas de Tokyo de 1964, la atleta polaca Ewa Klobukowska ganó una medalla de bronce en los 100 metros planos y el oro en relevos. En 1967 fue sometida a la prueba del sexo. Los resultados del test cromosómico demostraron que sufría una anomalía genética que no le daba ventajas frente a las otras competidoras. A pesar de esto le quitaron sus medallas y fue sancionada con la prohibición de participar en los Juegos Olímpicos y otras competencias profesionales.
El caso más reciente es el de la corredora india Santhi Soundarajan, a quien se le despojó de la medalla de plata ganada en los Juegos Asiáticos del 2006 en Qatar. Las pruebas de verificación de género indicaron que “no poseía las características sexuales de una mujer”. En septiembre del 2007, Santhi intentó suicidarse.
Aluden a que lo injusto es una superioridad genética. Pero creo que cualquier científico podría demostrar que la mayoría de los deportistas olímpicos tienen genes que los benefician: tener extremidades largas, un bajo porcentaje de grasa corporal, un desarrollo más rápido de la musculatura.
¿Y qué dicen sobre las diferencias culturales? Una mujer nacida en Estados Unidos y otra en Irán pueden tener características genéticas y físicas similares para desempeñarse profesionalmente en un deporte. Pero es el ambiente social, cultural, económico, religioso y político lo que permitirá que finalmente puedan desarrollarlas.
La única mujer que no tuvo la obligación de someterse a la prueba fue la princesa Ana de Inglaterra en las Olimpíadas de Verano de Montreal en 1976. Ya saben, si eres la hija de la reina Isabel nadie pone en duda que tengas ovarios.

