Ya llevo cuatro ciclos con mi copa menstrual. La adoro. Mi vida no sería igual sin ella. Hace unos días la andaba trayendo en la cartera, a la espera de que me llegara la regla. Por primera vez la había sacado de la casa sin estar dentro de mí y me di cuenta de los peligros que corre nuestra relación. ¿Y si me robaban el bolso? Hubiese sido el fin de mi adorado artilugio. Habría terminado en la basura, luego de que el ladrón pasara horas adivinando para qué servía. El horror.
Mientras caminaba con la cartera bien firme, me acordé de nuestro primer día juntas. Era el último día en Nueva York por un viaje de la Universidad. La encontré en un supermercado Whole Foods. Era la única caja que quedaba entre toallitas de género y pulseras anticonceptivas (Qué chucha, pensé, esto es la panacea. Después me di cuenta que no es nada más que un calendario menstrual con mostacillas. Muy del Opus Dei). Cuando llegué al hotel se la mostré a una amiga. “Es enorme”, me respondió, como muchas otras personas que la han visto. Pura hipocresía, digo yo.
Después di un salto de unas cuantas semanas al día de la verdad. Al fin podía ocuparla. Los días anteriores visité algunos sitios web con instrucciones y consejos para utilizarla. Muchas cibernautas contaban su primera vez con la copa, así que más o menos sabía lo que iba a pasar. Para insertarla hay que dobarla, una vez en la vagina, se abre y se sella contra las paredes. Ponerla no era difícil, me costó un poco más sentir si se había abierto o si estaba derecha. Salté y bailé completamente sola en el baño, para ver si se sentía algo. Lo único que me molestaba era el mango para extraerla. Claro, había olvidado que las instrucciones aconsejaban cortarlo para que no molestara.
Ya, ningún problema. La saco y lo corto. Pero no salía. Todo lo contrario, mientras tiraba, más se aferraba a mi chocha como una ventosa. Puta la hueá, pensé. Voy a tener que ir al consultorio así. Con los calzones abajo y una copa de silicona en la vagina. Que es para la regla, tendría que explicar. Y me sacarían fotos. Y cada vez llegarían más doctores y enfermeras por el puro morbo. Podría ser peor, pensé. Con una salchicha congelada, con una botella de Cocacola, con la pierna de una Barbie. En fin. La humillación de otros me tranquilizó. Apenas me relajé sentí un cambio de presión en mi cosita (que a estas altura estaba toda pellizcada, en ningún lugar decían que había que cortarse las uñas antes). La copa salió como si nada. Corté el manguito y listo (nota a parte es la siguiente extracción, cuando no encontraba el palito en ningún lado).
Mi copa menstrual es genial. Se acabaron los días del algodon blanqueado, la resequedad y las fibras que no se van. Qué pena que no lleguen a Chile, es la mejor alternativa a todos los otros productos que sirven una vez al mes y hacen daño los siguientes 100 años.

Julio 25, 2008 at 8:46 pm
jajaja mori imaginandote bailando en el baño!
nunca en mis 4 meses de estadia vi esto en el supermercado de gringolandia..
10 años te dura! notable.. quizas cuando vuelva me haga consumidora, a no ser que me inyecte esa custion que te la corta por 2 años..
camila creo que alguna vez me mostraste este blog tuyo.. pero no lo habia pescado.. lo voy a empezar a leer.. me encanta como escribes! muchos besos.. se acerca tu cumpleaños pequeña saltamontes!
Agosto 10, 2008 at 4:00 pm
Me la acabo de comprar y es maravillosa!!! Como puede serque los ginecologos nos la recomienden?. Todos deberian conocerla y poder adquirirla, es comoda, facil de usa e higienica. Nada de manchas, nada de olores, nada de calcular cuanto falta para tener que cambiarte, nada de tampones que se mueven!! ays.. que artilugio mas bueno este la verdad.